No hay noches más legendarias que esas en las que el calor abrasador de la tarde deja paso a las tormentas de verano que invaden las calles con ese olor a lluvia, con sus truenos y relámpagos y refrescan nuestras mentes. Con esa lluvia, que aunque furiosa en ocasiones, a todos nos da la melancolía de los días de invierno, de manta y calefacción...

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